Orquesta Filarmónica Nacional de Venezuela

José Ángel Viña | Crítica Musical

Concierto 30 Aniversario / Homenaje 130 años de nacimiento
del Maestro Vicente Emilio Sojo

Domingo 3 de diciembre de 2017, Teatro Municipal de Caracas.

Hace 30 años, cuando el mundo musical venezolano celebraba el centenario del nacimiento del insigne Maestro Vicente Emilio Sojo Vicente Emilio Sojo (8 /12/ 1887 – 11 /8/ 1974), un grupo de músicos entusiastas y voluntariosos daba inicio a una nueva agrupación sinfónica que se propuso enaltecer permanentemente el legado del compositor guatireño, impulsor de la estética nacionalista en nuestro país. En ese primer concierto, dejaron oír obras del Maestro Sojo y algunas piezas del repertorio universal. El domingo 3 de diciembre de 2017, en conmemoración de su presentación inaugural, la Orquesta Filarmónica Nacional ejecutó nuevamente parte de aquel programa, en un inolvidable concierto con el cual, la Fundación Compañía Nacional de Música, cerraba un año de celebraciones por el aniversario treinta de este, su principal elenco artístico.

La Obertura Treno (1920) de Vicente Emilio Sojo, como es propio en este tipo de repertorio con evocaciones fúnebres, dejó en el ambiente una atmósfera de introspección y nostalgia, que sirvió de marco al homenaje rendido en memoria del Maestro Sojo, así como de los músicos  Stanislaw Wislocki, primer Director de la OFN; Olaf Ilzins, Concertino Emeritus y Luis Morales Bance; concertino fundador. Se trata de una obra para orquesta de cuerdas, enmarcada en una austera sonoridad neoromántica, que recuerda el trabajo contrapuntístico desarrollado posteriormente por Sojo en su amplio movimiento madrigalista.

En contraste con el Treno de Sojo, la Orquesta Filarmónica Nacional se aventura a homenajear a Luis Morales Bance con la interpretación de su composición Danzas y Vigilias. Se trata de una colección integrada por siete piezas denominadas Danza I, Vigilia I, Danza II, Vigilia II, Danza III, Canción y Danza I, a través de las cuales la OFN transita con audacia un claro equilibrio entre las demandas rítmicas de su creador y las exploraciones melódicas, tímbricas y armónicas propias de la contemporaneidad que encarna la música de Morales Bance. Es una obra cargada de referentes de la música tradicional, configurada por la plantilla que integran cuerdas, maderas y trompeta, que no obstante las tensiones permanentes entre fondo y forma, converge en un discurso pleno de sentido y claridad interpretativa por parte del ensamble.

Con la interpretación de Un americano en París, de Georg Gershwin, la plantilla instrumental de la orquesta se amplia para permitir colorear, mediante un sonido denso y con una complejidad tímbrica articulada con precisión y eficacia, las impresiones del autor en relación con la visita de un ciudadano norteamericano a la ciudad luz. En esta obra, quedó en evidencia el músculo de la OFN para el acometimiento de obras de amplio espectro textural, especialmente su sección de metales, protagonistas relevantes del discurso sonoro de la mayor parte de la obra.

Un momento estelar del concierto fue, de manera incuestionable, la ejecución de la Sinfonía N° 1 de Brahms. En el primer movimiento se destaca el alto nivel de expresividad que logra la OFN poniendo en relieve el dramatismo de las líneas melódicas y la tensión rítmica que va apareciendo estructuralmente en la medida que se desarrolla la forma. La ejecución del segundo movimiento despliega el lirismo que lo caracteriza, de todo lo cual hacen parte fundamental los solos interpretados con la sutileza esperada, en claro contraste con la ímpetu de la sección que le antecede. El tercero, deja ver una orquesta cohesionada en torno a los temas inquietos que se mueven en combinaciones instrumentales complejas sin perder su personalidad sonora y su rol idiomático, hasta arribar a un cuarto movimiento en el que la composición retoma su dramatismo inicial a base de juegos rítmicos, complejización de la textura e incremento de la dinámica, alcanzando un climax en el que nunca se pierde el equilibrio en el tratamiento de los materiales sonoros que sirven de base a la construcción del entramado sinfónico.

Hay que valorar, por encima de todo, la intensa versatilidad que despliega la Orquesta Filarmónica Nacional en la interpretación de Brahms, porque la obra aparece en un contexto musical que viene evocando variadas orientaciones estéticas y calibres estilísticas muy diferenciados, obligándola a mantener un control riguroso y comprometedor de su fuerza, con el fin de canalizar la emocionalidad y poder expresivos que esta sinfonía requiere. La OFN, bajo la conducción del Maestro Luis Miguel González, logra este desafío interpretativo con solvencia de primer orden. La de González es una dirección profundamente sensible, que muestra a un estudioso en búsqueda incesante de esa conexión con la poiesis de las obras, lograda intachablemente durante este concierto.

Con este desempeño, la celebración del treinta aniversario de la Orquesta Filarmónica Nacional es un bifronte que saluda sus inicios con nostalgia y alegría, al tiempo que invoca un futuro pleno de desarrollo artístico, sostenido sobre los hombros de un renovado talento emergente que promete mantenerla en el ambiente musical como una de las orquestas más entrañables del pueblo caraqueño.

Felices treinta OFN, feliz nuevo tiempo.