Gualberto Ibarreto: El calor de un ser humano condensado en la voz

María Antonieta Peña | Creadores

Gualberto José Ibarreto Barrios nació en el estado Sucre, en julio del 47, es una de las voces más icónicas y bastión de la música tradicional en Venezuela. Sí, es lo que todos sabemos de Gualberto. Oírlo cantar da la sensación de una cuerda templada, fuerte, puntual, con ritmo y calidez, acompañando los dulces acordes de los polos margariteños, galerones, malagueñas, o la serenata que se espera cuando se carga un despecho de esos históricos. Como un piano y una fogata que no falla una nota aún al escuchar los crepitantes de su intencionalidad al cantar. Eso, y un punto y aparte en la historia de la música venezolana, es Gualberto Ibarreto.

Conocemos su simpatía, talento, sencillez, pero seguramente, nada se compara con escucharlo contar sus comienzos y caminos. Les mostramos un pedazo de Gualberto que bien da para escribir un libro por capítulos. Llegamos y nos espera con su sonrisa amplia y cálida, su mirada brillante y familiar como si nos conociéramos de toda la vida, su sombrero e cogollo y su franela a rayas. Entonces me encuentro con el cantante que marcó tantos festivales de música tradicional, y ha llenado espacios de la radio venezolana e internacional, sin caretas, ni exigencias, sin complejos, sin lentes oscuros, como en la sala de su casa, y entonces constatamos que Gualberto, es el pueblo. Su registro barítono lo ha diferenciado siempre de los demás cantantes. En 2011 la Asamblea Nacional le otorgó el título de Patrimonio Cultural Viviente de Venezuela, y ganador de varios premios por su trayectoria, entre esos el Guaicaipuro de oro, Premios Ronda, Mara de oro, Musa de oro, Sol de oriente y Meridiano de Oro.

Discografía

Desde los ritmos criollos hasta la música romántica, 17 discos componen parte de la carrera de Gualberto Ibarreto: Gualberto Ibarreto (1975); El Cantor De La Voz De Pueblo – Vol. 2 (1975); Volumen 3. (1976); Volumen 4 (1976); Volumen 5 – Y Ahora Es Cuando (1977); Volumen 6 (1978); Siempre pa’ lante (1983); Todos Sus Éxitos (1984); Romántico (1984); Gualberto Siempre Gualberto (1992); Hoy He Vuelto A Ser. (1993); Internacional (1997); 32 Grandes Éxitos – Serie 32 (2CDs) (1998), Hay Uno Solo… (1998); 40 Años 40 Éxitos (2005); y Gualberto + C4 Trío (2012).

Entre sus colaboraciones con otros cantantes y agrupaciones destacan las de Serenata Guayanesa, Cecilia Todd, María Teresa Chacín, Juan Carlos Salazar, El Cuarteto y Huáscar Barradas.

Gualberto se ha paseado por todas las etapas de la industria musical venezolana, desde la época de las productoras, y su mirada exclusivamente a las figuras internacionales y su premura de captar talento nacional con el surgimiento del 1 x 1 en las radios. Las grabaciones en LP, cassettes y CDs, desde los escenarios de televisión que poco acogían a la música criolla, hasta las redes sociales actualmente. Varias generaciones han hecho de Gualberto Ibarreto un referente con identidad propia para la música tradicional venezolana y la visibilización de los compositores criollos. Gualberto, con su registro barítono e intención particular al interpretar, la sencillez y simpatía de su personalidad, y quizás, la ambición única de llenarse de los aplausos y el cariño de su gente, lejos de someterse al proceso para ser un producto más de la industria, para llenar el bolsillo y no el corazón, desde su propia esencia y su respeto hacia el público, se sembró en la memoria musical venezolana, con una estela de hechos que contribuyeron a valorar nuestra propias raíces, lo hermoso de las notas tradicionales, y lo hecho en casa.

En 1973 inició sus presentaciones en la Universidad de Venezuela y ganó el primer lugar en el I Festival Universitario de la Canción Venezolana en la Universidad de los Andes. Pero sus comienzos se remontan a cuando era estudiante de Economía en la ULA, Mérida. Llegó a estudiar y lo invitaron a dar serenatas, siempre había sido acompañante, así que preguntó “¿y quién será el cantante?”, desde entonces entendió que sería el vocalista, porque afirma que no desafinaba, pero venía de sufrir desaires por su voz, en la secundaria. “Recuerdo que una vez canté Rosario en bachillerato y un compañero me dijo –y ¿con esa voz? También me enamoré de una española y le canté las tres únicas canciones que me sabía (porque las demás sólo me las sabía por pedacitos) y mi mamá me dijo que como músico era muy bueno, pero como cantante…”. Gualberto estudió violín, otra parte lo aprendió de manera empírica, cuatro, piano y mandolina. Entre las tres únicas canciones que se sabía estaban “Rosario” y “Esta tarde vi llover”.

-¿Cómo fue su inicio en la música? ¿Cómo comenzó a darse a conocer?

– Cuando era estudiante en la ULA daba serenatas, recuerdo que los edificios eran de 6 pisos pero sin ascensor. Entonces cantaba por el intercomunicador y si les gustaba me dejaban entrar, si no, no perdíamos el tiempo subiendo las escaleras (risas). Luego me hice dirigente estudiantil… Por esos años mataron a algunos compañeros míos de clases, Domingo Salazar y Carlos Bello; compuse un galerón de protesta. Había también presos políticos, así que los acompañaba y cantaba canciones de protesta. En esa época había mucha represión con los que luchaban contra el sistema, por allá por el año 1962. Yo me unía a la lucha con mi canto y música. Así que también cantábamos en las cárceles del Táchira.

-Y ¿cuándo empezó a cantar nuevos temas? ¿Qué le gustaba?

-Yo siempre canté música venezolana, también cantaba canciones de la Nueva Trova Cubana, pero entendí que había que rescatar lo nuestro. En Mérida empecé a engordar el repertorio. Una amiga me ayudó mucho con eso. A ella le gustaba como yo cantaba, entonces me hizo un cuaderno y todos los días me

ponía dos o tres canciones nuevas para que me las aprendiera. Yo agarraba el cuatro y me llevaba a un amigo para que me sostuviera el cuaderno. Ella me gustaba mucho, pero nunca me hizo caso. Un día me dijo que iba a casarse con otro, me despeché tanto que me sentí destruido, muy triste. Ese momento cambió mi vida, porque en un momento de mucha depresión escuche la voz de mi abuela muerta que me dijo: “No te preocupes mijo, tú vas a ser famoso”, eso fue por el año 1971. Eso me cambió la vida.

Gualberto empezó a cantar temas románticos en Mérida, en las serenatas, pues cuenta “que ir a despertar a alguien a las 2 de la madrugada con La Guácara, por ejemplo, era como ir a pedir verduras pa’ hacer sancocho”.

– ¿Qué rol jugó su familia en su formación musical?

– Mi mamá cantaba en las misas de aguinaldos. Yo acompañaba en las parrandas y aguinaldos con torta y hallacas porque no bebía. De esos menesteres saqué a María Antonia, a los polos. Luego María Antonia me sacó de los pupitres de la Facultad de Economía en la ULA.

- ¿Le costó tomar la decisión?

- No. Estaba en el séptimo semestre, pero la universidad siempre iba a estar ahí, en cambio la voz no. Así que no me costó decidir. Ser músico y cantante es una carrera como cualquier otra. Tenía 28 años y decidí prepararme. Para el público hay que prepararse constantemente, para ser respetado.

-¿Cómo llegó a la UCV?

Uno de los primeros festivales en los que participé fui eliminado en la primera ronda, mis compañeros querían sabotear el evento. Entonces los aplaqué, los calmé. Al ver mi actuación, las autoridades decidieron darme dos noches en la Sala de Conciertos de la UCV, canté con el grupo Ahora, que manageaba Winston Vallenilla padre. Eso lo grabó la Dirección de Cultura, el cassette lo llevaron a una casa disquera. Luego me buscaron para grabar y me encontraron un año después en Mérida. Allá compartí ideas y mi canto con Alí Primera. Él siempre fue celoso de su música y se cuidaba de la fama, nunca quiso cantar en televisión. Compartimos muy buenos momentos. De allí me buscó la televisión, me halló la disquera en Mérida en un festival y me llamaron para grabar, entonces ocurrió el milagro. Empecé a sonar en todas las radios venezolanas. Era un evento inusitado, porque cambiabas de una emisora a otra y en todas estaba sonando María Antonia. La música venezolana sólo se escuchaba en las madrugadas.

- A Alí Primera no le gustaba la televisión. ¿Cómo lo tomó usted?

- A mí me empezó a buscar la televisión, recuerdo que me ofrecían 10 mil bolívares por cantar dos canciones, que para aquella época era mucha plata... Y buscaban a Gualberto y a Barreto. (Risas)

- ¿Cuántas veces lo han presentado como dúo?

-Muchas. Eso a lo mejor ayudó a la publicidad, porque la gente se ponía a escuchar quién era uno y quién era el otro. (Risas)

- ¿Cómo lo trató la televisión, que tampoco ponía música venezolana?

En ese momento me vanagloriaban en tv, aunque yo en realidad no quería que un vidrio me separara de la gente. Por eso les dije que no quería que me presentaran como un jabón, como un producto comercial. También les dije que no podía emborracharme de vanidad porque soy un ser común y corriente, esa fue su primera impresión de mí. Bueno, no iba a conquistar nada con este “sexapeal” y esta cara (risas). La tv me buscó, me dijeron que un caso como el mío pasaba como cada cincuenta años. Yo tenía un público cautivo, pero no me imaginé que iba a ser así, empecé a sonar todos los días en las radios, en toda Venezuela en menos de un mes.
(Y entonces en una emisora de radio del lugar, suena “Ladrón de tu amor”. El fenómeno no cesa)

- Lo ayudaron o asesoraron para encontrar su estilo propio?

- Yo canté y me despeché escuchando Sandro. Una vez me dijeron que cantaba como Sandro y me pareció mucho, así que empecé a buscar mis propios tonos y estilo. La seguridad como solista la adquirí cantando serenatas.

- ¿Cuántas camisas de rayas tiene?

-Más de trescientas hoy en día, pero ya perdí la cuenta de cuántas he tenido.

-Aparte de serenatas, ¿cantaba en bares?

- Fíjate, qué bueno que preguntas eso. Yo ayudé a romper con los paradigmas de los que cantaban música venezolana. Sólo se presentaban en cervecerías, los portugueses siempre contrataban. Yo fui de los primeros que se presentó junto a artistas nacionales e internacionales en lugares cinco estrellas, con mi sombrero de cogollo y franela de rayas, al lado de Sergio Méndez, de Manzanero, del Mariachi Vargas. Empecé a romper con el estigma de tener que entrar en paltó a un lugar para escuchar música en vivo. Así es como ayudé a sacar la música venezolana de las cervecerías.

- ¿Qué pasaba con otros artistas nacionales mientras usted subía como la espuma?

- Bueno de las cervecerías salieron Reinaldo Armas, Cristóbal Giménez, entre otros. En esa época surgió Un Solo Pueblo, Carota, Ñema y Tajá y Alí Primera empezó a cantar música venezolana también.

- Después de María Antonia, ¿su vida fue otra?

- Después de diez años, de haber salido con la música criolla y con María Antonia, triunfé con el Ladrón de tu amor en 1984. Gané mucho dinero y boté mucho dinero también. Estuve en primer lugar en 80 países con Ladrón de tu amor. Canté a lado de los Estefan, luego me gustó mucho la música romántica. En unos Premios Ronda le dije a José José que le había serruchado la canción “El Gorrión”, porque estaba muy despechado. Los despechos me ayudaron a cantar con más corazón, porque te conviertes en el protagonista de la película, tú mismo la vives. De las canciones que recuerdo son “El Triste” de José José por cierto.

- ¿Cree que le queda algo por hacer por la música venezolana?

- Yo me siento contento porque hubo muchos cambios en la música, por ejemplo Luis Mariano Rivera, a quien conocí y agradezco mucho, así como otros compositores, empezaron a ser reconocidos por su trabajo. Lo más importante para un músico o compositor es la difusión de su obra. Hasta premios recibieron. Por ejemplo, el Premio Guaicaipuro no existía. No lo imaginé pero yo luchaba, yo le dije a Alí, él no quería que su música se comercializara, en cambio yo inundé el mercado de música venezolana y la música de protesta también tuvo su auge. La Guácara es una canción que, aparentemente es inocente pero tiene un contenido muy bravo, decía que en Venezuela en los campos había hambre y niños con lombrices... éso es protesta. Luis Mariano hablaba de otra Venezuela mientras los más pudientes tomaban Whisky. La gaita dejó de sonar sólo en el Zulia y comenzó a sonar en toda Venezuela.

- Ha ganado varios premios. ¿Esperó alguno?

- No, yo viví y esperé siempre el aplauso, el reconocimiento del público y el amor de la gente. Luis Mariano me dijo siembra amor y cosecha amor, es lo que hice disfruté, lloré... y no he perdido la capacidad de ser sentimental.

- ¿Cómo ha vivido el cambio desde el comienzo de su carrera hasta hoy, en torno a la comercialización?

-Pasé por LP, Cassettes y Cds. A mí me pirateaban. No tengo muy buenos comentarios de las disqueras, son manipuladores y las cuentas no son claras, no sólo conmigo sino con otros artistas. Saqué cuatro discos míos independientes, sigo sonando en las emisoras. Me llena de satisfacción que nuevas generaciones, que no habían nacido cuando yo surgí, canten mis canciones. Mi música ha sido transmitida y nuevas agrupaciones como C4 trío y Omar Acedo incorporan canciones mías y de otros autores, pero yo las sembré en el corazón del pueblo venezolano.

- ¿Hay suficiente apoyo hoy día a la música?

- Bueno, aunque las redes han dado un espacio, el aumento de la piratería desvía las cosas. El apoyo de la administración pública ha sido bastante apreciable, serio, considerable y bonito. Yo no entiendo de política, pero las cosas hay que decirlas por su nombre. Actualmente, debe cuidarse la mención a autores y compositores, la difusión de la obra es el mayor premio para un compositor. Más que producir hay que difundir.

- Y entre tantos nuevos caminos y éxitos, ¿cómo iba su vida personal? ¿La fama le ha pasado factura?

- Bueno, yo he recibido muchas bendiciones de Dios y la vida, y también he tenido momentos de dolor. La vida es un equilibrio, por cada alegría uno paga con algo. El infierno está aquí también. Yo decía que cupido tira flechitas pero que a mí me daba como en una manga de boxeo, porque llevé mucho golpe (risas). Me casé tres veces, dos veces no me fue bien. La tercera es la vencida, es la mujer más familiar del mundo. Gracias a Dios eso me sirvió de experiencia porque crecí espiritualmente... Y tener una hermosa relación, con una mujer 22 años menor que yo, me da una lección de madurez emocional y de pareja. Ella ha aprendido conmigo esta profesión de artista y empresario. La factura que he pagado es en la parte amorosa y en la salud. Fui alcohólico, me recuperé gracias a Dios y al pueblo de Venezuela. Bebí mucho y en mi caso no podía ocultarme porque me conoce todo el mundo, siempre he sido accesible y me di cuenta de que yo no me pertenezco.

- ¿Qué lo hizo reflexionar?

-El mismo pueblo. Me decían esa voz no te pertenece a ti, le pertenece a un pueblo, tienes que cuidarla, y eso me dolía. Una vez toqué fondo en el Teatro Teresa Carreño en un homenaje que se hizo a Luis Guillermo González, canté Ladrón de tu amor, la gente se paró. En ese momento dije: qué estoy haciendo yo Dios mío, tanto amor que me tiene Venezuela y yo me estoy destruyendo. Y dije no tomo más. Además mi familia sufrió mucho, el alcohol degrada; sin embargo yo caí varias veces, dejé de grabar, pero el pueblo siempre me esperaba con el mismo cariño, siempre me quiso, Venezuela me quiere. Gracias. Esta entrevista ha sido muy intensa.

En el rostro de Gualberto y en el nuestro, son inevitables las lágrimas, nos cuenta sus anécdotas como quien libera una carga agradeciendo desde la autenticidad y honestidad de un ser humano que ha saboreado las mieles y las hieles de la vida. No hay sonrisa amplia sino lágrimas. La sensibilidad de un ser que ha subido como una ola y ha tocado fondo, con la misma intensidad.

- ¿Qué trae Gualberto de nuevo para sus seguidores?

- Yo espero recuperar poco a poco la voz y volver a cantar. Si Dios quiere, la Virgen del Valle y del Pilar, volveré a los escenarios. Tengo un disco ya montado, las pistas están hechas de canciones inéditas, son unas 10, falta ponerles la voz pero ya está grabado. Es un disco variado, románticas y folklore.

- En Mérida lo recuerdan mucho.

- Mérida para mi es inolvidable, la quiero y extraño. Todos los días le dedico uno de mis pensamientos. Yo fui encargado de cultura, nosotros fuimos los creadores de la primera feria. Sólo se daban las fiestas patronales en diciembre. Recuerdo que en un carnaval empezaron a jugar con agua y llego la policía. Se los llevaron y me tocó ir a la gobernación, les pedimos que nos dejaran cerrar una calle y celebrar, esa fue la primera feria. El año siguiente hicieron la primera Feria del Sol. Los gochos me quieren, me siento merideño porque nací allá como cantante, hice muchos amigos... Recuerdo que a los andinos, los conozco bien y los respeto, son buenos amigos y respetuosos. En oriente llegas a la cocina de una vez, en Mérida para llegar a la cocina hay que echarle, tienes que ser de confianza.

- Para quienes dudan en comenzar a hacer carrera como cantante o músico.

- Para empezar como cantante o músico el mejor momento no te lo da la edad. Hay que aprovechar el momento y es un buen momento para la música venezolana. Venezuela aprendió a querer su música, eso lo logramos, saber que tenemos música variada y bonita: la oriental, de los Andes, Falcón, Zulia, Lara, Guayana... de todas partes.

- Es hora de concluir porque tiene un compromiso en minutos. Venezuela vive momentos intensos y de aprendizaje. ¿Qué palabras les hace llegar?

-La vida misma tiene su momento, así como las placas tectónicas se acomodan, para eso tiene que haber temblores. La reconciliación sólo es posible si queremos de verdad a nuestro país y dejamos la ambición monetaria y sobre todo de poder. Venezuela tiene recursos humanos y económicos, mientras los venezolanos sepamos quererla como tenemos que quererla.

Se acabó el tiempo de la entretenida conversa, y la despedida es cantar Anhelante en coro, mientras algunos seguidores esperan su turno para la foto. Sin duda la calidez de su voz no es más que el reflejo de su propia personalidad. La imborrable sonrisa, que sólo cesa cuando escucha atentamente las preguntas. La picardía de la mirada intacta siempre. Escuchar las anécdotas de quien conociste en la pantalla, o en un dial de la radio, supera cualquier expectativa. Un hijo de ésta tierra, de esos que alimentan el espíritu.